La promesa de la autonomía artificial ha sido, durante la última década, el horizonte dorado de la computación. Se nos vendió la idea de agentes digitales capaces de descomponer tareas complejas, utilizar herramientas y navegar por la web con la destreza de un operario humano, pero la realidad operativa ha demostrado ser mucho más prosaica…

VIGIL: el «supervisor secreto» que vigila y repara a la inteligencia artificial mientras trabaja
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